jueves, 25 de junio de 2009

Trascender

Ya mi perro se fue a jugar al jardín con el tigre y la pantera. En los primeros intentos por salir de la casa se asustó por el encuentro con el "jefe", que tan acostumbrado está a persuadir a todos para que hagan lo que él quiere. Mi pobre perro se sintió acorralado. Desde adentro lo estaba viendo, empecé a susurrarle que no tuviera miedo, despues de todo si estaba determinado a jugar con la libertad y lo desconocido, lo incierto y el futuro, no había forma alguna en la que el "jefe" pudiera detenerlo.
Su posición era clara; siempre tuvo ganas de jugar con bestias salvajes, mucho más que quedarse encerrado en la casa buscando pantuflas para los otros.
Se sintió confundido en el instante en el que sinitó como si una ola se lo hubiera llevado mar adentro, por ese momento en el que abres los ojos medio ahogado, medio respirando y medio viendo, y tratas de descubrir hasta donde te aventó la fuerza del agua.
La verdad es que tardé unas horas en darme cuenta que nada estaba comprometido, podía seguir mi camino.

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